MICROCRÉDITO
Bancos de Desarrollo Comunitario - Calpi
Los Bancos de Desarrollo Comunitario en el Proyecto Calpi comienzan un proceso de consolidación, luego de la etapa de formación dada en las comunidades de San Juan. La mujer dentro de su nueva organización va asumiendo con cautela la responsabilidad en la administración de los recursos económicos, negada para la mujer en la gestión comunitaria.
En esta fase se remarcan elementos estratégicos encaminados a lograr un mayor nivel de sostenibilidad en los bancos comunitarios: (1) se capacita exclusivamente a la mujer en temas de crédito, tratando que el desconocimiento de los hombres en este campo, les impida emitir opiniones e influir en las decisiones de la mujer, obteniéndose los resultados deseados, aun frente a la protesta de los hombres que van cediendo a esta nueva realidad en la vida comunitaria, de cara a la capacidad de la organización de mujeres en su nuevo reto; (2), otro elemento estratégico, es la autonomía que los bancos van asumiendo frente a la Unidad Ejecutora del Proyecto y la propia comunidad, decisión que, junto a un proceso de capacitación permanente, fortalece el desarrollo de la autoestima de la mujer; (3), alternabilidad de las dirigentes, con el propósito de democratizar entre todas sus socias la administración de esta nueva organización comunitaria, para evitar el abuso de poder de ciertas mujeres dirigentes que van aprovechándose de su calidad de líderes y dirigentes de los bancos.
Sin embargo, en el proceso de desarrollo de esta estructura de crédito del mercado financiero informal, se toma la decisión de no mantener relaciones financieras con la banca privada, aspecto que más tarde, influiría negativamente en la vida y existencia de estas organizaciones de mujeres, ya que siempre se necesitará de esta relación comercial con la banca privada, que exige una mayor responsabilidad en el manejo del dinero.
Y por fin el gran problema, es el hombre de la comunidad, el dirigente del Cabildo, que reclama en forma airada, el derecho de administrar los recursos que llegan a la comunidad, y siempre con el mismo discurso en las 15 comunidades en donde se habían formado los Bancos de Desarrollo Comunitario, que las mujeres no tienen el derecho de manejar los recursos de la comunidad, que ellas no saben hacer cuentas, que sus obligaciones están en la casa, que no pueden salir sin permiso a sus reuniones, y más aun, si dentro del personal del proyecto había hombres. Estos miedos y recelos fueron desapareciendo cuando las mujeres comienzan a generar recursos, a comprar su chancho, a instalar su cuyera con nueva tecnología, cuando asomaba en su parcela un ternero o una vaquita, mientras el esposo trabaja en la ciudad.
El Proyecto Calpi, fue financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo y Catholic Relief Services, en donde el personal que hoy constituye la Fundación GSD, fue el responsable del diseño y ejecución del proyecto, lección que les ha permitido continuar y ampliar esta experiencia aprendida a nuevas comunidades del norte de Chimborazo.