COMERCIALIZACIÓN EN PEQUEÑA ESCALA
Un gran fracaso o una gran lección, fueron los resultados del componente de comercialización en el Proyecto Calpi, en el que trabajó el personal que hoy conforma GSD. Se planteó diseñar un mecanismo con la participación campesina, consientes de las dificultades que una estructura de producción minifundista podría satisfacer las exigencias de mercado referente a volumen, oportunidad y calidad de los productos.
La estructura de la unidad de producción campesina minifundista, caracterizada por la diversidad de la actividad productiva que se desarrolla en parcelas con promedios de 2 hectáreas, merece un proceso de cambio radical para responder a los retos de la era actual. 
El sistema de producción minifundista estructurado con pequeñas parcelas de alfalfa - pastos, papa, arveja, quinua y explotaciones caseras de cuyes o chanchos, ovinos o bovinos, permite a la familia campesina disponer de la alimentación diaria para subsistir, y de pequeños volúmenes de productos para vender los fines de semana en la ciudad, y con esos ingresos traer a casa productos esenciales para complementar la dieta alimenticia de la familia. Este proceso es parte de la cultura campesina, en su relación con el mercado del sector urbano.
Esta es la realidad del campesino minifundista tradicional, a quien hay que apoyar en el fortalecimiento de su propio mecanismo de comercialización, que manteniéndose la tradicional informalidad, pueda satisfacer los nichos de mercado apropiados a su escala de producción y a su relación cultural campo – ciudad, reto que GSD va asumiendo lentamente en su compromiso con el sector campesino.
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