COMERCIALIZACIÓN
Un gran fracaso y una gran lección, son los resultados del componente de comercialización en el Proyecto Calpi. Se planteó diseñar un mecanismo con la participación campesina, consientes de las dificultades que una estructura de producción minifundista podría satisfacer las exigencias de mercado referente a volumen, oportunidad y calidad de los productos.
La estructura de la unidad de producción campesina minifundista, caracterizada por la diversidad de la actividad productiva que se desarrolla en parcelas con promedios de 2 hectáreas, e incluye al menos un 25% de área improductiva, merece un proceso de cambio radical para responder a los retos de la globalización.
El sistema de producción minifundista está estructurado con pequeñas parcelas de alfalfa - pastos, papa, arveja, quinua y explotaciones caseras de cuyes, chanchos, ovinos y bovinos. Este es el sistema que le permite disponer diariamente de diferentes productos para subsistir y de productos para vender personalmente los fines de semana en la ciudad, y traer a casa los productos esenciales para complementar la dieta alimenticia de la familia, parte de la cultura campesina, en su relación con el sector urbano.
El proyecto luego de un largo proceso de análisis de mecanismos y oportunidades, decidió conjuntamente con campesinos con intereses en este campo, formar dos grupos de comercialización, que iniciaron su gestión tomando contacto con comerciantes y empresarios transformadores de papa en las ciudades de Quito, Guayaquil, ciudades del Oriente y desde luego Riobamba, Puyo y Tena fueron las ciudades con mayores posibilidades. Aquí se toma contacto con comerciantes y autoridades quienes ofrecen todo el apoyo para esta actividad que presenta buenas posibilidades de éxito.
El compromiso es entregar papa y dos o tres productos más, los mismos que se entregaron por tres ocasiones sin dificultades, para luego ir al mercado a comprar productos para satisfacer los requerimientos de los comerciantes del oriente, y terminar decidiendo que no es posible satisfacer los volúmenes requeridos, y peor aun la calidad, como es el caso de la papa, que a nivel campesino se caracteriza por la heterogeneidad de sus variedades. En resumen, no pasó de ser una buena lección.
Esta es la realidad del campesino minifundista tradicional, a quien hay que apoyar en el fortalecimiento de su propio mecanismo de comercialización, que manteniéndose la tradicional informalidad, pueda satisfacer los nichos de mercado apropiados a su escala de producción y a su relación cultural campo – ciudad.
Sin embargo, están apareciendo asociaciones de jóvenes productores de porcinos y aves, que organizados para la capacitación, asistencia técnica, investigación de mercado y microcrédito, están desarrollando un mecanismo que les permite satisfacer individualmente la demanda de un mercado selectivo.
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